Marguerite a pesar de Wittgenstein: la zozobra de un amor

Autor: David Esteban Zuluaga

Correo electrónico: perseitas@amigo.edu.co

  • El amor requiere algo más que poner el alma, es necesario también donar un poco de vida.

“Aproximadamente 16 años después de la primera anotación en Diarios secretos —9 de agosto de 1914— Wittgenstein inicia otro diario: Movimientos del pensar” (Zuluaga, 2019, p. 84), cuyo primer registro data del 26 de abril de 1930, justo el día de su cumpleaños, y se extiende, en lo que se considera su primer periodo, hasta el 28 de enero 1932. El segundo tiene lugar cuatro años más tarde, iniciando el 19 de noviembre de 1936 y finalizando el 24 septiembre de 1937.  

El Diario, como es propio en Wittgenstein, reúne consideraciones en torno a diferentes temas asociados no solo con preocupaciones filosóficas, de las que por momentos parece alejarse, si no también y en gran medida, vitales, que parecen ser el centro de su pensamiento. El sí mismo, el temor a perder la razón, la relación con los otros, entre otras consideraciones importantes para su vida, constituyen el entramado de anotaciones que por momentos nos muestran un Wittgenstein profundamente atormentado.  

En las anotaciones asociadas con el primer año del Diario (abril – noviembre de 1930), se registra un acontecimiento que muchas veces pasa inadvertido para el lector: Wittgenstein está enamorado. El asunto ya había sido considerado por Mario Boero quien en su novela La novia de Wittgenstein (2004), intenta establecer un retrato biográfico, desde la literatura, del romance entre Wittgenstein y Marguerite Respinger.

Según Ilse Somavilla (2019), Wittgenstein y Marguerite se conocieron en casa de la hermana de Wittgenstein, en Viena, quien la tenía como huésped alrededor de 1926. Sin embargo, más allá de esto las notas iniciales del enamoramiento se evidencian en la primera entrada de Movimientos del pensar, el 26 de abril de 1930, cuando Wittgenstein dice con nostalgia: “hoy, por mi cumpleaños, he recibido pañuelos de Marguerite. Me he alegrado por ello, aunque cualquier palabra suya me hubiera gustado más & un beso mucho más”  (Wittgenstein, 2009a, p. 189).

Pocos días después de la primera anotación, el 2 de mayo de 1930, Wittgenstein declara:

Quiero mucho a Marguerite & tengo mucho miedo de que esté enferma ya que hace más de una semana que no recibo carta suya. Cuando estoy solo, pero también en otras ocasiones, pienso una & otra vez en ella. Si fuera más honesto, mi amor hacia ella sería también honesto. Y sin embargo la quiero ahora tan profundamente como soy capaz. Probablemente no me falte profundidad. Pero sí honestidad

(Wittgenstein, 2009a, p. 197)[1].

Marguerite no es indiferente al amor de Wittgenstein, sin embargo, se puede ver a través de las anotaciones del Diario —entre ellas la del 2 de octubre de 1930— la pesadumbre frente al rumbo incierto de su relación, frente a la idea del matrimonio que tenía Wittgenstein (desfavorable por supuesto), a lo poco significativo que resultaba él cuando estaba ausente,  así como el hecho, según señala Ray Monk (1997), “de que ella creyera que [las relaciones de Wittgenstein] tenían un propósito fundamentalmente ético” (p. 316), como lo termina reafirmando la propia Marguerite a partir de una carta que recibe de Wittgenstein el 13 de agosto de 1946[2].


Es muy probable que las preocupaciones de Wittgenstein estuvieran relacionadas con el hecho de entregarse de manera decidida al amor de Marguerite, asunto complejo, pues, como señala en Diarios secretos el 15 de agosto de 1914: “la manera más fácil de perderse uno mismo es querer entregarse a las demás personas” (Wittgenstein, 2009b, p. 125). Wittgenstein se sumerge en complejas discusiones consigo mismo en las que pone de manifiesto la preocupación ante la posibilidad de que Marguerite se constituya en el centro de su vida, en que su vida solo tenga sentido a partir de ella, dice:  

Sé pues que no debo colgarme con todo mi peso de esa cuerda porque sé que cederá un día. Lo que quiere decir que debo permanecer asentado con los pies en el suelo & mantener solo la cuerda, no colgarme de ella

(Wittgenstein, 2009a, p. 201).

Asimismo, manifiesta preocupación frente al hecho de apostar sobre lo contingente, comprende que sobre esta base las cosas pueden ser o no ser, y para él, “es difícil mantener el amor de modo que si las cosas salen mal no haya que considerarlo como un juego perdido, sino que se pueda decir: estaba preparado para ello & también así está todo en orden” (Wittgenstein, 2009a, p. 201).

Wittgenstein (2009a) parece tener claro que: “si no te montas en el caballo, si no confías plenamente en él nunca podrás caerte” (p. 201) mas, asiente que “tampoco puedes esperar cabalgar nunca” (p. 201). Se debe ser consciente de que, al aceptar el amor, al decidir cabalgar, “tienes que dedicarte completamente al caballo & sin embargo estar preparado ante la posibilidad de que en cualquier momento te tire»  (Wittgenstein, 2009a, p. 201).

Pese a todas sus meditaciones, Wittgenstein nunca logró aclarar sus pensamientos, dar un paso al amor. Marguerite, por su parte, entre abatida y decepcionada comunica en diciembre de 1932 la intención de casarse con Talla Sjögren, en quien, como dice Somavilla: “encontró (…) el compañero que ´concordaba con su modo de vida y significaba tranquilidad´” (2009, p. 209). Según se lee en Monk (1997):

Al evocar su boda, Marguerite escribe lo siguiente:

Mi desesperación alcanzó su cenit cuando Ludwig vino a verme el domingo por la mañana, uno hora antes de la boda. “te estás subiendo a una embarcación, el mar será bravío, permanece siempre pegada a mí a fin de no zozobrar”, me dijo. Hasta ese momento no me había dado cuenta del profundo apego que me tenía ni de su gran decepción. Durante años había sido como una masilla blanda en sus manos, que él iba trabajando  para moldear a fin de hacerme mejor. Había sido como un samaritano que da una nueva vida a alguien que está desfalleciendo (p. 315).

Wittgenstein había puesto el alma en un amor al que no estaba dispuesto a entregarle la vida. Sus temores y prejuicios llevaron a Marguerite a puertos en los que conjuró la zozobra de un barco que nunca logró emerger de su propia hondura; no sabemos si logró la felicidad, pero al menos sí, como ella misma dice, tranquilidad.

Este y otros temas relacionados con Wittgenstein pueden leerse también en los libros de descarga gratuita, publicados por el Fondo Editorial Universidad Católica Luis Amigó:

[1] Siete días después, el 9 de mayo, dice: “estoy muy enamorado de R ., es verdad que ya desde hace mucho tiempo, pero ahora con fuerza especial. Y sin embargo sé que con toda probabilidad el asunto no tiene esperanza alguna. Esto quiere decir que debo estar preparado ante la posibilidad de que se prometa & se case en cualquier momento. Y sé que ello me resultará muy doloroso” (Wittgenstein, 2009a, p. 201). 

[2] Según Somavilla (2009), Marguerite reafirma esta consideración “en un artículo de periódico de Alice Villon-Lechner sobre una entrevista con Marguerite de Chambrier en Die Weltwoche, n.o 24, junio de 1989” (209)  en la que Marguerite se refiere a una carta enviada por Wittgenstein el 13 de agosto de 1946, en la que “Wittgenstein expresaba el deseo de que Marguerite buscara un trabajo que la conciliara con los seres humanos de modo humano y no como dama” (Marguerite, como se citó en Somavilla, 2009, p. 209).

Referencias:

Boero, M. (2004).La novia de Wittgenstein. Madrid: Visión libros.

Somavilla, I. (2009). Notas a Movimientos del pensar.  En L. Wittgenstein. Obras completas II (pp. 183-306). Madrid: Gredos.

Wittgenstein, L. (2009a). Movimientos del pensar. En L. Wittgenstein. Obras completas II (pp. 183-306). Madrid: Gredos.

Wittgenstein, L. (2009c). Diarios secretos. En L. Wittgenstein. Obras completas II (pp. 121-182). Madrid: Gredos.

Zuluaga Mesa, D. E. (2019). Wittgenstein hipertextual. Medellín, Colombia: Fondo Editorial Universidad Católica Luis Amigó.

Nota legal:

CHRISTIAAN TONNIS. (18 de marzo de 2006). Ludwig Wittgenstein 2 [Imagen de Flickr]. Recuperado de http://bit.ly/2wW5yWF

Cómo citar este texto:

Zuluaga Mesa, D. E. (2 de marzo de 2020). Marguerite a pesar Wittgenstein: la zozobra de un amor [Mensaje en un blog] Recuperado de https://editorialluisamigo.home.blog/2020/03/02/marguerite-a-pesar-wittgenstein-la-zozobra-de-un-amor/

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